La mendicidad, lo único que me queda cuando no estas conciente de que también estoy.
Acongojado por el tiempo que sigue su trayecto. Impaciente seré, pero tampoco soy para siempre.
Mis manos, hieden por la neblina de una mala flatulencia compuesta por una negación sin fondo, sin razón de ser, sin esperanza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario