La erección cerebral ,
perduró mientras observaba el amanecer
en aquellas montañas donde los terremotos
solo llegaban a sacudirme de quicio .
Muerto el coito, viva la adicción.
La visión desenfrenada por la luz que camina a un costado mío,
reanima la vida con este par de estrellas cambiantes de color,
de sabor y de visión.
En estos deseos moribundos no hay agua,
no hay río,
solo el gran viento petrificante del frío .
El declive no alcanzo su objetivo a largo plazo, por instantes logro apoderarse de la fuerza natural, pero no de la fuerza sobrehumana del amor.
Una vez más , el ciclo del deseo en su máximo apogeo.
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